Crónica de la última salida organizada por Depana y SOS-Delta.

Afortunadamente, el Delta del Llobregat ya no es ese gran desconocido para los ciudadanos de la metrópolis barcelonina. Sin embargo, la mayoría de los que lo han visitado o han oído hablar de él, tiene un concepto muy sesgado de su realidad ya que creen que el Delta son aquellas lagunas y marismas del Remolar y Cal Tet. Estos terrenos a penas representan un 10% de la plataforma deltaica. Así, la visita del pasado sábado a la zona agrícola de Can Dimoni pretendía dar a conocer una parte desconocida de este Delta que ha sido incorporada a la nueva IBA aprobada este año.

Nos encontramos en la estación de FGC de Sant Boi de Llobregat y atravesamos la ciudad hasta llegar al puente que cruza la C-32. En este punto, aprovechando que el viento favorecía una atmósfera nítida, pudimos contemplar gran parte de esta basta llanura entre los macizos de Garraf-Ordal, Collserola, Montjuïc y el Mediterráneo, así como apreciar la profunda transformación que ha sufrido a través de las innumerables infraestructuras, polígonos industriales, extensos núcleos urbanos, el aeropuerto etc.

Tras dejar atrás el puente, nos adentramos de lleno en la zona agrícola (el Parc Agrari). Por el Camí de Ferran Puig (antigua carretera que unía Viladecans con el Prat) predominaban los campos alcachofas, coles y coliflores, así como las masías dispersas por todo el terreno. Una de ellas llamaba la atención con su torre de planta octogonal que estilizaba su estructura, flanqueada por palmeras y un denso seto a modo de fortaleza. Se trata de Mas Pineda, una casa d’estiueg de principios de siglo XX que, evidentemente, no se corresponde con el modelo clásico de masía del Delta. Al desviarnos del camino principal para acercarnos a ella, tuvimos la fortuna de descubrir un erizo europeo (Erinaceus europaeus, en la foto) moviéndose en una pila de restos vegetales junto a una masía. Nos sorprendió su actividad a estas alturas ya que debería estar hibernando. Es posible que las labores agrícolas lo hayan sacado de su refugio y estuviera buscando otro. Este curioso mamífero ha sufrido una fuerte regresión en el Delta debido principalmente a la desaparición de los campos de cultivo, pero también a los atropellos (agravado por sus costumbres crepusculares/nocturnas).

Más adelante el recorrido nos deparaba una sorpresa paisajística. En medio de esta huerta deltaica topamos con un modesto pero sensacional bosquete de ribera. En 1998 se construyó el canal de laminación de la Ribera para recoger las aguas del nudo del Llobregat y así evitar inundaciones. Este canal, en pocos años, ha desarrollado una estructura forestal casi única en el Delta formada por formidables álamos, chopos, sauces y tarays, acompañado de una comunidad de carrizos y espadañas. ¡Un auténtico oasis!

Durante este paseo pudimos comprobar la singularidad de este sector del Parc Agrari. A diferencia de otras zonas más homogéneas, aquí encontramos un mosaico de campos cultivados y algunos campos abandonados, tan desprestigiados por la sociedad. Éstos últimos atesoran una diversidad botánica, libre de pesticidas y herbicidas, que atrae fauna invertebrada que forma la base alimentaria de algunas aves. Destacamos la delicada presencia de un narciso de manojo (Narcissus tazetta, en la foto), testimonio de lo que hubo de haber sido el Delta. Sobre uno de esos campos se cernía un cernícalo común (Falco tinunculus) en busca de pequeños roedores o algún fringílido despistado. En el Camí de Cal Pelut vimos fugazmente como un halcón peregrino (Falco peregrinus) hacía un picado vertiginosos sobre uno de estos campos baldíos.

Cuando los estómagos empezaban a rugir reclamando algo que digerir, llegamos a Can Dimoni. Esta minúscula zona húmeda es otro vergel en el corazón del Parc Agrari. Es un conjunto lagunar creado en los 70 tras el abandono de una extracción de áridos. Los carrizos, eneas y juncos han colonizado las tres balsas, y con ellos la fauna (avetorillos, garzas imperiales, galápagos leprosos, amén de un dormidero de garcillas bueyeras), que ha propiciado su protección, reconocida internacionalmente (RN2000). En los chopos desnudos que rodean una de las balsas descubrimos el singular nido del pájaro moscón (Remiz pendulinus). Pero la estrella fue una mantis religiosa (Mantis religiosa, en la foto) que posó impasible en un taray a pesar de la sesión fotográfica a la que la sometimos.

Antes de concluir la jornada nos acercamos a unos campos que tras las lluvias otoñales, y gracias a un sustrato más arcillosos, permanecían parcialmente inundados, con algunas matas de juncos dispersas. Este paisaje, que a principios del siglo XX todavía ocupaba grandes extensiones en el Delta Llobregat, tiene una belleza especial y alberga algunas especies tan escasas en la península como las polluelas (Género Porzana).

Como siempre, el Delta del Llobregat no deja de sorprendernos por sus paisajes poliédricos, sus pobladores y… su estoicidad.

Crónica de Raúl Bastida. Fotos cortesía de Eio Ramón.