Como cada año, Greenpeace publica su desgarrador informe “DESTRUCCIÓN A TODA COSTA”, con los abusos, no sólo de la vorágine urbanística, sino también de infraestructuras, industrias… sobre nuestro litoral. Podeis leer la parte catalana aquí. Algunos números:

  • sólo del 11% del litoral catalán no protegido está libre de edificaciones; de hecho es la zona más saturada de todo el litoral
  • la intensidad media de la construcción ha sido de 18 viviendas por cada mil habitantes cuando, por razones demográficas, sólo se necesitan 8 por cada mil (algunos puntos como L’Aldea o Mont-roig del Camp, en Tarragona, llegan a 185).
  • tenemos un puerto deportivo… cada 10 km
  • ¿genera riqueza? En 2004 el presupuesto necesario para mantener el conjunto de infraestructuras turísticas (aeropuertos, puertos, hoteles, playas, etc.) superó en 25% a los ingresos producidos por el turismo
  • Catalunya acumula el 42% de los vertidos contaminantes del litoral español, de hecho entre 2000 y 2002 se acumularon 994 expedientes por este motivo
  • nuestra propia BP: la refinería Repsol en Tarragona y las plataformas petroleras ha protagonizado innumerables “incidentes”

Os dejamos con unas líneas de nuestro querido dibujante Romeu. Los que alguna vez hayais ido a intentar pescar y lo único que hayais conseguido son zapatos y porexpan, lo entendereis perfectamente…

“Mi relación con el mar viene de muy lejos. Empecé a veranear en Port de la Selva en agosto de 1948. Tenía tres meses de edad. Pronto descubrí los placeres del mar y de la pesca, entonces muy artesanal; se iba a pescar a remo, que los únicos motores náuticos eran viejas bombas de viña que siempre te abandonaban. Aun así, los profesionales y los amateurs pescábamos para consumo propio y supervivencia, los fondos eran llanuras de posidonias y en cada cueva había un mero. Yo pescaba para casa a la carta, sargos, obladas, doradas, calamar, ostras y mejillones. En aquellos tiempos nos despertaban los bous, eran tres o cuatro, de madera, con motores de un solo cilindro y sus pistonadas llenaban la media noche de un sordo rumor.

Ahora son una docena, enormes y metálicos y no te despiertan porque sus potentes motores turbodiesel de 16 cilindros son silenciosos. Ahora, para coger un triste erizo o un par de mejillones, dos obladas o un calamar, precisas de una licencia de mariscador o de pesca y hay vedas, pero el mar ya es un gran desierto. Y no fuimos los cuatro pescadores del pueblo y los tres amateurs quienes lo esquilmamos. Es esa industria de la hecatombe marina la que está despoblando el mar.”