Los ecosistemas marinos, que acogieron a las primeras formas de vida, parecen estar en un segundo plano cuando nos viene a la cabeza la palabra BIODIVERSIDAD. Sin embargo, estamos sometiéndolos a una enorme e insostenible presión directa, por la sobrepesca (con la pesca de animales en estado salvaje, estamos haciendo lo que antes se hizo con la caza en tierra, con las consecuencias por todos conocidas), la contaminación (no sólo la industrial, el turismo es una gran fuente de “basura marina”) e indirecta, el cambio climático como sabeis produce no sólo el calentamiento si no también la acidificación del agua (cuando el CO2 se disuelve, pasa a ácido carbónico).

En la COP de Biodiversidad de Nagoya han saltado todas las alarmas por la falta de medidas para proteger estos ecosistemas, que actualmente se encuentran, como destaca el Programa de Medio Ambiente de Naciones Unidas (UNEP) en un reciente informe, en “riesgo de deterioro”. Esto no sólo afectará a la biodiversidad, si no que también tendrá consecuencias sociales por los servicios económicos y ecológicos que nos prestan.

En lo que concierne a nuestras aguas, la situación es, como en general, difícil de evaluar debido al gran desconocimiento de la salud y diversidad de nuestros mares. En los “10 mensajes para 2010“, editados por la Agencia Europea para el Medio Ambiente (EEA) podeis encontrar una buena radiografía sobre el estado de los ecosistemas marinos en Europa. En concreto en el mapa adjunto (Marine Sites of Community Importance, SCIs, Directiva de Hábitats 92/43/EEC) podéis ver que en España una gran cuenta pendiente es la “protección” de estos valiosos ecosistemas, si nos comparamos con otros países más “civilizados”. Sólo hay 10 Áreas Marinas Protegidas, pero pensad que se establecieron con el fin de proteger las pesquerías, por lo tanto, el papel en conservación se consideró secundario, como denuncia WWF, que ha definido 76 áreas prioritarias para su protección (mapa).