Como siempre, buenas palabras e intenciones, pero pocos compromisos políticos.

La cumbre de Biodiversidad terminó con consenso, un plan de 20 puntos para detener la extinción hasta 2020. El pacto incluye aumentar las zonas protegidas hasta el 17% de la superficie terrestre o el 10% de las aguas del planeta, restaurar al menos el 15% de los ecosistemas degradados y acabar con la sobreexplotación pesquera. También se ha establecido un protocolo para que los países en desarrollo evaluen el coste de preservar su biodiversidad y su patrimonio genético (con potenciales productos naturales de múltiples aplicaciones) a fin de que los países ricos dejen de expoliarlos.

El gran escollo sigue siendo la financiación, ¿cómo se van a materializar esas compensaciones económicas?; y la ausencia de mecanismos garantes de que estas promesas se cumplan: ¿qué mecanismos se van a establecer para aumentar la superficie protegida o para comprobar que tiene lugar? Por desgracia, como señalan Ecologistas en Acción, queda lo más complicado: ¿se van a atajar realmente las causas subyacentes a la actual pérdida de biodiversidad?

En interrogantes hasta 2012.