El viernes pasado, Joan Antoni Melé, subdirector general de Triodos Bank, nos habló en la conferencia “Dinero y consciencia” de la ética en todos los aspectos de la vida.

En cada gesto diario, desde lo que compramos, comemos, vestimos, o desplazamos, hay que pensar con ética. De dónde viene este producto, por qué es más barato lo que viene de lejos que lo que se produce aquí al lado, en qué condiciones se ha producido, cuánto cobra la cajera del supermercado.

Votamos una vez cada 4 años pero decidimos mucho más con cada compra, acerca del tipo de mundo deseamos, a pesar de que la gran mayoría no se cuestione nada de esto.

Un producto que ha sido producido en África, empaquetado en China y transportado a Europa tiene una huella ecológica brutal. Igualmente los precios tan bajos implican unas condiciones de cuasi-explotación para las poblaciones locales (no hace falta ir allí a verlo, es que si no, no salen los números). De tal manera que aunque decidamos mirar para otro lado, adquirir ese producto es decidir qué tipo de mundo queremos, es perpetuar la esclavitud, las diferencias norte-sur, el expolio de los recursos naturales y la contaminación del medio.

Habló de cómo la codicia ha marcado todas las relaciones humanas, que a pesar de que hablemos de los pocos escrúpulos de la banca, todo el mundo ha intentado siempre enriquecerse, todos somos un poco responsables de la situación actual. La burbuja inmobiliaria la inflaron todos los pequeños propietarios que aprovecharon para especular. Y ahora se quejan de que sus hijos no pueden acceder a la vivienda. O que los sueldos son indignos. Pero a los sueldos se ha aplicado también el mismo patrón: siempre se paga lo mínimo, lo más barato.

Apeló a la bondad y a la solidaridad como motor de las relaciones humanas, nos conminó a recuperar la espiritualidad, en contra del materialismo.

Nos invitó también a la acción, que aunque no lo parezca tiene un poder inmenso en cambiar el mundo, pero acción no en la calle un día en una manifestación, si no en cada gesto, en cada compra, en cada viaje, cada día. Recordó la máxima de que con la excusa de que poco puedo hacer, al final no hice nada.

Para la banca ética apenas tuvo unas palabras, aunque quedó claro que su raison d’être es lo que motivó el origen de la banca (no a lo que ha degenerado hoy en día), esto es, usar los ahorros de algunos para dar la oportunidad a otros que no tienen nada, de llevar a cabo sus proyectos. Cuestionó el modelo actual de maximización de beneficios, que él conoce bien tras años en una caja de ahorros. Habló de que a su juicio, no existen las leyes del mercado, nosotros decidimos lo que queremos que sea el mercado. La competencia es inhumana y ha configurado el mundo injusto e insolidario en que vivimos. Pero hay otro tipo de relaciones.