5 millones de rosas vendidas en un día. Decidamente no sólo las mujeres catalanas salen perdiendo el día de Sant Jordi. Un 90% de las rosas vendidas provienen del exterior, de países como Colombia, Ecuador, Kenia o Sudáfrica.

Son rosas que huelen a queroseno, ya que vienen en avión (son frescas), lo que ya de entrada no es muy sostenible. Para que esto sea rentable en la dinámica ultraliberal, los trabajadores, casi siempre trabajadoras, tienen unas condiciones laborables miserables, 120 euros al mes, jornadas de 10-18 horas, pruebas de embarazo, prohibición de sindicarse… (denuncian en el excelente informe Las raices de las Flores).

Y son rosas con espinas. Esa floricultura industrial acaba con la economía local, las tierras que se pierden para la agricultura y los acuiferos acaban agotados o contaminados por los agrotóxicos. Se estima que el consumo de agua durante un año de las expotaciones colombianas equivale al de una ciudad de 600.000 habitantes, según United Explanations. Los biocidas a los que se someten y el hecho de trabajar en invernaderos afectan seriamente a la salud de las trabajadoras. Cada día hay 5 intoxicadas en Colombia (fuente: Intermón Oxfam).

En fin, como incidiamos en nuestra Raison d’être, no olvides que el activismo ecologista está en todos tus gestos diarios, incluyendo cada compra que haces.