Las zonas de amortiguación que flanquean los espacios naturales protegidos son de vital importancia para la conservación de éstos, no sólo para reducir el impacto de las actividades humanas, sino para servir de apoyo a las reservas (la fauna y la flora no entienden de líneas sobre un mapa) y de corredores biológicos. Estos beneficios son especialmente patentes en nuestro querido Delta del Llobregat, donde las infraestructuras y el urbanismo han arrinconado su patrimonio natural hasta el punto de comprometer seriamente la viabilidad ecológica del sistema deltaico (en la actualidad sólo se conserva un 2% de los humedales originales).

Esto ha motivado que junto a compañeros de SOS-Delta y DEPANA nos estemos dedicando a prosprectar la biodiversidad que atesoran estas zonas de amortiguación sin ninguna figura de protección (La Quadra, Les Sorres, balsa de laminación de la UPC de Castelldefels…), así como los humedales protegidos que están desmembrados en medio del Parc Agrari (Can Dimoni i Reguerons) pero con escaso seguimiento por parte del Consorci que gestiona las reservas del Delta del Llobregat.

La última salida, que tuvo lugar el pasado sábado 30 de julio, de buena mañana, nos proporcionó gratas sorpresas. En la zona de Can Dimoni se observó de nuevo el calamón (Porphyrio porphyrio), así como un macho de avetorillo (Ixobrychus minutus), dos garzas imperiales (Ardea purpurea), dos porrones comunes (Aythya ferina), una avefría (Vanellus vanellus) y cuatro andarríos bastardos (Tringa glareola). También descubrimos la presencia de un zarzero común (Hippolais polyglotta, migrante bastante tempranero) y dos carriceros tordales (Acrocephalus arundinaceus), que seguramente han nidificado en los carrizales de la balsa. En los campos labrados descansaban un grupo de 18 gaviotas cabecinegras (Larus melanocephalus), con 2 jóvenes del año entre ellos, comunes en las zonas litorales pero poco frecuentes en el interior.

En Reguerons, con el nivel de agua muy alto para estas fechas (gracias a este atípico julio primaveral), brilló por su ausencia la comunidad de limícolas que generalmente usan esta minúscula balsa cuando se seca parcialmente durante julio-agosto. Sin embargo disfrutamos de la presencia de un macho de avetorillo y de dos carricerines comunes (Acrocephalus schoenobaenus) que al principio se mostraron muy esquivos por sus costumbres de merodear por la maraña del carrizo, pero que acabaron sucumbiendo ante nuestra paciencia (probablemente de los primeros migrantes post-nupciales para este especie regular pero un tanto escasa en nuestro país). En la laguna de la Murtra también observamos un avetorillo, una hembra adulta en este caso.

Seguramente, la observación más relevante (en el contexto de las zonas fuera de las reservas) llegó cuando prospectábamos los campos adyacentes a Reguerons. Una familia de canasteras (Glareola pratincola, en la foto) reposaba en un campo labrado del Camí de Can Seguí. Seguramente se trate de la misma familia que se había avistado días atrás en la zona de La Quadra (del fallido Barça Parc), limítrofe a la marisma de las Filipines. Así, estas citas constatan que estos terrenos agrícolas colindantes cumplen una función muy importante para las aves que se concentran en las pocas hectáreas protegidas de las marismas del Remolar-Filipines y que precisan de una mayor superficie para cubrir sus necesidades.

Crónica cortesía de Raúl Bastida.