Amchitka Island, Islas Aleutianas, 1971. Estados Unidos tiene previstas unas pruebas nucleares en este rincón del planeta pero no cuentan con que un grupo de siete jóvenes canadienses se está organizando para abortar sus destructivos planes. Consiguen alquilar un viejo pesquero, que rebautizan con el nombre de Greenpeace, y se dirigen hacia esta isla del pacífico norte en el Mar de Bering para interponerse a los proyectos nucleares del Tio Sam.

Este es el germen de Greenpece, esa ONG internacional, ecologista y pacifista que estos días celebra sus 40 años de lucha sin tregua para conservar la biodiversidad en el planeta. Han querido celebrarlo con los ciudadanos y todos los que les apoyamos presentando el buque insignia de su flota: el Rainbow Warrior III. Este imponente velero está atracado estos días en el muelle Maremagnum del puerto de Barcelona hasta el 23 de diciembre.

Entre las actividades que ofrecen destacan las jornadas de puertas abiertas que nos permite conocer este barco por dentro mientras uno de l@s voluntarios de la organización nos desvela sus intimidades y secretos.

Cómo sabéis, este barco es la continuación de una saga que comenzó con el mítico Rainbow Warrior, hundido por terroristas de la Dirección General de la Seguridad Exterior francesa en 1985, para evitar las protestas que Greenpeace quería llevar a cabo contra las pruebas nucleares que realizaría Francia en el bello Atolón de Mururoa, en el sur del Océano Pacífico, y en el que lamentablemente perdió la vida un fotógrafo. Estos ensayos nucleares en la naturaleza se prohibieron poco después. El nombre tiene su origen en una profecía de los indios Cree: “Cuando el mundo está enfermo y moribundo, la gente se levantará como Guerreros del Arco Iris …”

De su diseño, único en el mundo (ingeniado por un holandés especializado en veleros y construido a medida en Polonia y Alemania), llama la atención el enorme mástil en forma de A. Con 55 metros de altura, este diseño tan singular le permite desplegar unas velas más grandes que un velero convencional del mismo tamaño. Y entre este mástil y la popa queda una superficie despejada con una H dibujada en el suelo que hace las veces de helipuerto, necesario en determinadas acciones.

Como no podía ser de otra manera, las energías renovables son protagonistas en este barco. Dispone de lanchas neumáticas híbridas, de manera que mientras permanecen en el mar a la espera de entrar en acción funcionan con electricidad, y cuando toca actuar lo hacen con gasóleo. Evidentemente, el barco está pensado para que tenga un funcionamiento lo más sostenible posible. Por ejemplo, aprovechan el calor de los motores para conseguir agua caliente con la que ducharse, lo que es fundamental para los activistas que suelen ser rociados con mangueras a presión cuando interceptan a balleneros o pesqueros industriales.

Otras curiosidades náuticas que nos mostraron fueron dos “cestas” enganchadas en los mástiles, a las cuales se suben los miembros de la tripulación como vigías. Reciben el nombre de carajos y son el equivalente de las que había en los antiguos veleros pero en su poste mas alto, para poder defenderse de los piratas. Cuando algún marinero debía ser castigado, lo hacían subir allí como castigo, expuesto a las inclemencias del tiempo; de ahí viene la expresión “vete al carajo”…

Utilizan sistemas electrónicos para muchas de las operaciones que se deben realizar, como izar las velas o pilotar el barco, pero por supuesto hay mecanismos manuales alternativos para posibles accidentes que los inhabiliten. No pudimos visitar los camarotes porque había que respetar el descanso de la tripulación pero nos llevaron a la sala de prensa, una habitación muy importante para la difusión del día a día de las campañas, pero que también sirve para sus reuniones o como gimnasio.

Recomendamos calurosamente la visita de este maravillosos velero, un ejemplo de lucha y perseverancia y un acicate para todas las personas con inquitudes ecologistas, pues demuestra que si las ONG reciben un apoyo masivo de los ciudadanos se puede conseguir llevar a cabo acciones decisivas contra los intereses de unos pocos que están diezmando la biodiversidad y los recursos naturales.

Crónica de Raúl Bastida.