REFLEXIONES DE UN ECOLOGISTA PARA “LA HORA DEL PLANETA 2012”

Por Agustí Cruz

La Hora del Planeta es una campaña global de rechazo al cambio climático en la que se apaga la luz durante 60 minutos. Es un gesto muy sencillo que permite disfrutar de una cena a la luz de las velas o de contemplar un cielo estrellado. Pero ¿cuáles son las causas de la debacle climática y qué poder tiene la ciudadanía para evitarla?

El llamado “capitalismo verde” fue muy criticado en la última cumbre del clima.

El clima post-Kyoto

Desde el Protocolo de Kyoto, que sentó las bases para la primera lucha coordinada contra los gases de efecto invernadero, han pasado ya 14 años. Sin embargo, el petróleo y el carbón, las energías fósiles que más contribuyen mundialmente al cambio climático en la actualidad (si hablamos de CO2, el carbón es responsable del 44% del total de emisiones, el petróleo, del 36%, y el gas natural, del 20%), siguen moviendo el mundo, como cualquiera de los que vivimos en una gran ciudad puede ver, escuchar, oler, ¡y respirar! cada día.

Por tanto, el protocolo de Kyoto ha fracasado en el intento de detener el efecto del ser humano sobre el sistema climático. Han aumentado las emisiones globales de gases de efecto invernadero sin que haya aumentado proporcionalmente la parte del pastel que corresponde a las energías limpias, de modo que: ¿qué hemos hecho mal a nivel de las altas esferas y como ciudadanos?

El rompecabezas energético en España

Aunque las energías renovables han experimentado en España un impulso en los últimos años, muchas trabas legales e intereses frenan aún su completa expansión. El oligopolio eléctrico, propietario de las centrales térmicas de carbón, de las centrales de ciclo combinado, y de las centrales nucleares, busca restringir y controlar el mercado energético de las renovables para rentabilizar otras plantas de energía. Por otra parte, los incentivos gubernamentales a la quema de carbón autóctono han conseguido que el ahorro de emisiones producido por la implantación progresiva de las renovables quede compensado y superado por las emisiones procedentes de la quema de carbón.

Y, cómo no, el uso masivo de carburantes en el transporte y en muchos sectores de la industria sigue contribuyendo generosamente a mantener elevadas nuestras emisiones anuales de CO2. La alternativa nuclear, defendida como “energía limpia”, genera emisiones en los procesos de extracción, procesamiento y transporte de uranio, tratándose de una energía muy peligrosa e inestable que, amén de constituir una amenaza latente para la especie humana (442 reactores nucleares están funcionando en 2012), deja un cuantioso y perverso legado de residuos radiactivos de larga duración a las futuras generaciones.

¿Contra qué luchamos realmente?

A nivel mundial, grandes e influyentes “lobbies” están presentes en todos los foros internacionales sobre energía para controlar o impedir la implantación de las renovables y fomentar la dependencia de las mismas energías sucias que ellos extraen y comercializan. La influencia y poder económico de las compañías petroleras les proporciona capacidad para presionar o seducir a gobiernos democráticos y totalitarios, “comprar” políticas energéticas y pintar de verde su imagen con campañas publicitarias multimillonarias.

Asimismo, el bajo coste de la extracción y quema de carbón, un combustible tan barato como sucio (genera como mínimo un 20% más de emisiones de CO2 que el petróleo) y abundante en el planeta, sigue fomentando su uso, especialmente en países de economías emergentes. Y las inversiones que realizan bancos y entidades financieras en empresas multinacionales e industrias altamente contaminantes son moneda común en un mundo en el que sólo parece importar acumular más dinero y poder y en el que el medio ambiente carece de valor en sí mismo y queda reducido a pagar el precio de un terreno y de unos derechos de explotación.

Es decir, que el “enemigo” real no parece ser el cambio climático o el CO2, sino los intereses de las grandes multinacionales de la energía, la falta de voluntad política de los gobiernos y las conductas irresponsables o la ignorancia de la gran mayoría de los ciudadanos.

El sistema energético globalizado

En este sentido, la globalización y la deslocalización de empresas en ese modelo social en que la codicia y el beneficio inmediato son el secreto del éxito, han llevado a la proliferación de industrias transnacionales del primer mundo en países del tercer mundo o en economías emergentes que aprovechan la débil o inexistente legislación en materia ambiental, de salud pública y de derechos laborales.

Hablamos de empresas que envenenan el agua, el aire y la tierra, que devastan sin escrúpulos el medio natural del área en que se instalan, a menudo sin contar con sus habitantes, con la connivencia de gobiernos corruptos o “receptivos” a inversiones millonarias que cogen el dinero sin pensar en las consecuencias y que anuncian “a bombo y platillo” a sus ciudadanos supuestas oportunidades de progreso y trabajo para todos. Esa estrategia que tan bien funciona, últimamente, incluso en países de los llamados “desarrollados”, a caballo de la consabida crisis.

Así, se da el caso y la paradoja de que en las áreas que soportan los efectos más devastadores de las industrias “sucias” (aquellas que no podrían operar libres de trabas en el primer mundo), éstas no aportan ningún beneficio económico a la población local (como es el caso del delta del Níger, una de las zonas más miserables de África), ni siquiera una parte de la electricidad generada (como, por ejemplo, en el caso de la construcción de las mega-presas, grandes obras que generan emisiones por deforestación y por la descomposición de materia orgánica). Además, estas industrias suelen realizar terrorismo corporativo contra los ciudadanos que se oponen (por ejemplo, en Colombia, con el concurso de los paramilitares).

Así pues, en este pequeño planeta que es nuestro único hogar, es perfectamente legal y, al parecer, legítimo, destruir ecosistemas para obtener recursos que ofrecer a los mercados a cambio de pingües beneficios.

Récords de temperatura, y suma y sigue

Y, en ese proceso, el clima de la Tierra está cambiando: de los últimos 15 años, 13 han registrado las temperaturas globales promedio más altas desde que tenemos registros, según la Organización Meteorológica Mundial. Y lo hace cada vez más deprisa, a un ritmo de aproximadamente 0,20 grados globales más por década, como si lo impulsara nuestra voracidad y ese limitadísimo o nulo sentimiento de pertenencia a nada o de armonía con nada que parecemos sufrir todos los terrícolas. De hecho, los medios de comunicación apenas se hacen eco de la gravedad de la situación, como si apenas importara.

El clima cambia y se calienta, gracias a la extracción y a la quema sistemática de combustibles fósiles, gracias a la deforestación de los últimos bosques vírgenes del planeta (con las consiguientes emisiones de CO2), gracias a la fabricación de todo tipo de cachivaches, la gran mayoría perfectamente innecesarios, y gracias al continuo ir y venir mundial de materias primas, piezas, alimentos, sustancias y de toda suerte de productos (¡y de personas!) que parecen querer viajar cuánto más lejos, mejor, e incluso ir y volver varias veces como un turista estresado e indeciso.

El clima cambia, sí, gracias a ese consumismo febril que, se podría decir, “nos consume” a la mayoría de nosotros, maridado con esa feliz falta de responsabilidad y de información que guía, a diario, nuestras elecciones como consumidores. Un consumismo que se basa fundamentalmente en la apariencia o en el sabor, y en cualidades tan humanas como la avaricia, la tacañería, la vanidad, la envidia o la ignorancia.

La ineludible huella energética

A golpe de consumo, cada catalán y cada español genera entre 7 y 10 toneladas métricas de CO2 (y aproximadamente una tonelada y media de residuos) al año, cuando en ningún caso deberíamos sobrepasar las 1,5 toneladas anuales de CO2 por persona si contamos con los 7.000 millones de seres humanos que habitan el planeta en la actualidad.

La Tierra sólo puede absorber del orden de 10.000 millones de toneladas de CO2 al año, y esta cantidad va disminuyendo a medida que colapsamos la capacidad de absorción de los grandes sumideros de carbono, como el océano. Al mismo tiempo, cada doce o catorce años ampliamos la gran familia humana en 1.000 millones más de nuevos congéneres. Muchos sabemos del impacto que tenemos sobre el clima y la atmósfera, pero quizá pocos somos conscientes de que todos y cada uno sumamos, llevándonos la impresión errónea de que “este asunto no va con nosotros”. Mientras tanto, la Tierra sigue calentándose.

Ante este panorama, ¿qué podemos hacer como personas, como consumidores, en nuestra vida diaria, para reducir nuestras emisiones y deslizarnos suavemente hacia una vida más consciente, responsable, sostenible, acaso más sana y puede que incluso más feliz?. Mucho.

Cómo se traduce la consciencia en acción

  • Para empezar, podemos reducir nuestro consumo de energía (luz, gas, agua) en casa con unas pocas medidas de eficiencia energética que podemos encontrar en muchos libros y portales de internet.
  • Podemos reducir al mínimo la compra de productos que no sean de primera necesidad, como es el caso de muchos artilugios electrónicos, responsables de fuertes impactos en los ecosistemas del planeta (contaminación por extracción de tierras raras y otros minerales, uso a gran escala de agua, emisiones de CO2 por transporte, fabricación, ensamblaje, distribución y, al final de su vida útil, un amasijo de residuos contaminantes difíciles de separar).
  • Podemos elegir consumir mayoritariamente productos fabricados en nuestra provincia, autonomía o país, aunque algunos, paradójicamente, sean más caros (aún se siguen otorgando subvenciones a la exportación); estaremos dando trabajo a nuestros compatriotas, impulsando la economía local, y reduciendo mucho las emisiones de CO2 derivadas del procesamiento y transporte de los productos.
  • Podemos dejar el coche en casa más a menudo, venderlo o cambiar el que tenemos por uno mucho más eficiente, pequeño, que produzca pocas emisiones o, mejor aún, que sea eléctrico o híbrido. Podemos ir a pie o en bicicleta siempre que nos sea posible, y de paso ganar en salud, o coger el transporte público.

Barcelona, por ejemplo, es una de las ciudades más contaminadas de Europa y del mundo, con 3.500 muertes prematuras anuales achacables directamente a la polución y una calidad de vida mucho peor si se sufren enfermedades respiratorias y cardiovasculares; se calcula que un barcelonés vive, de media, nueve meses menos por la contaminación del aire (fuente: Centre de Recerca en Epidemiología Ambiental). Hay que decirlo: cada conductor, especialmente en áreas densamente pobladas, es responsable de envenenar el aire que él mismo y el resto de los ciudadanos respiran, además de contribuir a la molesta contaminación sonora, ocupar un enorme pedazo proporcional de espacio público e invadir, demasiado a menudo, los espacios reservados a peatones y ciclistas.

  • Podemos comprar alimentos ecológicos que, además, se hayan producido cerca de donde vivimos, con lo que estaremos alimentándonos de forma mucho más sana y contribuyendo a evitar la contaminación del suelo y del agua por plaguicidas, herbicidas, abonos químicos, etc. y la deforestación causada por la agricultura intensiva; al mismo tiempo, estaremos limitando las emisiones de CO2 por el procesamiento, envasado y transporte de los alimentos.

Ya de paso, podemos consumir menos carne y, si realmente necesitamos consumirla, hacerlo de cría ecológica, con lo que estaremos reduciendo una parte importante de nuestra cuota personal de emisiones de CO2 y metano (un gas 23 veces más perjudicial para el clima que el CO2) y, no menos importante, estaremos disminuyendo también una parte de nuestra responsabilidad moral por las durísimas condiciones de vida que soportan los animales en las granjas de explotación intensiva (en la cría ecológica los animales viven y se relacionan en condiciones dignas, salen al aire libre, sólo están mínimamente medicados y comen pienso orgánico, sin aditivos). Se calcula que la agricultura y la ganadería intensivas son las responsables conjuntas de aproximadamente un 30% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.

  • Podemos evitar o limitar al máximo el consumo de productos envasados, y en especial de aquellos productos contenidos en envases de plástico y poliestireno expandido (porexpan), como es el caso del agua embotellada y de casi todos los envoltorios que se usan en alimentación. Debemos hacer lo propio con el papel de aluminio, con los productos que van en envases múltiples o superpuestos (hay, por ejemplo, cajas de magdalenas que llevan tres envases: el individual, el colectivo y el externo), y con los que son una mezcla de diferentes materiales difícilmente separables, como los tetrabriks o las famosas cápsulas de café (un hito del despilfarro “de diseño”: 50 gramos de residuos para contener 30 gramos de café). Podemos rehusar sistemáticamente las bolsas de plástico que nos ofrezcan y llevar siempre con nosotros una o dos de tela. El plástico procede del petróleo y su fabricación está ligada a las emisiones de CO2 y a los daños al medio ambiente, por tanto es mejor no adquirirlo, ya sea como envoltorio, envase o producto final.
  • A otro nivel, podemos empezar a guardar nuestro dinero en banca ética, un modelo de banca que sólo financia o invierte su dinero en empresas y proyectos que persiguen, no sólo la rentabilidad, sino también el prestar un servicio a la sociedad que la haga más justa y sostenible en su conjunto; proyectos que, además, deben ser respetuosos con el medio ambiente. De este modo, nos aseguramos de que nuestro dinero no está financiando industrias y actividades que están dañando al planeta, promoviendo el cambio climático e incluso financiando guerras.
  • En Catalunya y España, como en otros países de Europa, podemos cambiar nuestro recibo de la electricidad para que sea emitido por una cooperativa de energía verde que, como comercializadora de último recurso, compre energía de fuentes renovables en el mercado energético y facture la luz que consumimos en nuestros hogares. Es una forma de estimular la producción de renovables en los mercados.
  • Podemos también coger el avión lo menos posible (por ejemplo, un trayecto de ida y vuelta a Londres ya genera una tonelada de CO2 por pasajero, siempre que el avión vaya lleno), usar más el tren para nuestros desplazamientos largos o, si tenemos que coger el coche, ir con el máximo de plazas ocupadas. Para los cortos, como hemos dicho antes, lo mejor es un saludable paseo a pie o en bicicleta.
  • Podemos informarnos mucho mejor sobre la procedencia, los ingredientes, el consumo energético y la durabilidad de lo que compramos, por ejemplo leyendo las etiquetas o buscando información en Internet. Muchos productos contribuyen activamente al cambio climático al proceder de áreas que se han deforestado para producirlos o de regiones del globo muy alejadas de nuestro país, o al contribuir a un mayor gasto de electricidad en nuestros hogares, o al tratarse de productos tan estéticos como frágiles que se convertirán en residuos en poco tiempo, generando un nuevo residuo y la compra de otro producto.

Por ejemplo, podemos evitar comprar alimentos que lleven aceite de palma entre sus ingredientes, para no ser cómplices de la quema y posterior sustitución de un bosque por una plantación de palma, o podemos negarnos a cambiar de móvil cada uno o dos años, aunque no los regalen. En resumen, deberíamos empezar a pensar en el efecto global de nuestras elecciones, en cómo afectarán al medio, y en el planeta que queremos dejarles a las siguientes generaciones. Puede que además descubramos, en el camino, que podemos estar más sanos, sentirnos mejor con nosotros mismos y ser más felices, con mucho menos.

  • Por último, y no menos importante, podemos ser un ejemplo para nuestros hijos y seres queridos. Podemos enseñarles a amar y respetar la naturaleza y a todos los seres vivos, podemos mostrarles cómo pensar y actuar de forma ética y consciente, podemos animarles a consumir responsablemente y estimular en ellos una actitud reflexiva, serena y crítica frente al alud de mensajes publicitarios preñados de arquetipos maniqueos y roles sexistas, agresivos, individualistas y pueriles, y frente a la multitud de declaraciones populistas, medias verdades, pasiones calculadas, argumentos tramposos e intereses inconfesables que siguen prevaleciendo en la política, la economía y la sociedad, y que se repiten una y otra vez en los medios de comunicación como una letanía cansina.

Cómo cambiar el mundo cambiándose a uno mismo

Frenar el cambio climático es tarea de todos y cada uno de nosotros; nadie lo hará por nosotros, no será la clase política, ni las élites financieras o industriales las que cambiarán de rumbo. No deberíamos seguir permitiendo que unos pocos compren, vendan, exploten y acaben destruyendo, a lo largo y ancho del planeta y a golpe de antorcha, sierra, excavadora y talonario, un patrimonio natural irremplazable que no tiene precio y que, además de darnos la vida, es de todos. Al final, tan sólo una sociedad ética, cooperativa, consciente e inteligente puede forzar un cambio que nos salve a nosotros y a nuestros descendientes de una catástrofe climática y medioambiental, acaso moral, sin paliativos que ya estamos empezando a sentir en el espinazo.

Este cambio social y global es nuestro reto, el difícil reto que WWF lanza al mundo en “La Hora del Planeta 2012” y que seguirá lanzando después del 31 de marzo. Es un reto que puedes lanzar también a tus familiares y amigos pero que, para empezar, debes asumir tú mismo: “Reta al mundo, salva el planeta”.

Para saber más

Aumento de la población humana: 200 millones (año 1 d.C.), 1.000 millones (año 1800), 2.000 millones (año 1930), 3.000 millones (año 1960), 4.000 millones (año 1974), 5.000 millones (año 1987), 6.000 millones (año 1999), 7.000 millones (año 2011). Previsiones: 8.000 millones (2024), 9.000 millones (año 2045). Fuente: National Geographic. Desde el año 1960, la población mundial suma 1.000 millones más de personas cada 12-14 años.

Ritmo de extinción de las especies: de 100 a 1.000 veces superior al ritmo de extinción en condiciones normales. Según otras fuentes, de 1.000 a 11.000 veces superior. La presencia humana es la principal responsable de esta extinción masiva, ya denominada “sexta crisis por extinción”, la primera, según los científicos, que ha sido causada por una sola especie. Actualmente hay más de 15.500 especies amenazadas de extinción.

http://www.publico.es/ciencias/311663/el-ritmo-de-extincion-de-especies-se-multiplica-por-mil (fuente: Nick Nuttal, portavoz del Programa de Medio Ambiente de la ONU).

http://www.ecologistasenaccion.org/article6297.html

http://www.terra.org/articulos/art01347.html

http://www.iucnredlist.org/ (“Lista roja de especies amenazadas de la IUCN-World Conservation Union”).

Aumento de la temperatura global: la década 2001-2010 es, hasta el momento, la década más cálida, a nivel global, desde que tenemos registros. El aumento de la temperatura global, desde 1979, es de 0,13 a 0,22 grados centígrados por década (0,22 grados es una cifra más aplicable a las dos primeras décadas del siglo XXI). Ránking de los años más cálidos (orden decreciente, del más cálido al menos cálido): 1998-2010-2005-2003 (otras fuentes: 1998-2005-2010-2003 ó 2005-2010-1998)-2002-2009-2004-2006-2007-2001-2011-1997.

http://www.americaeconomia.com/politica-sociedad/mundo/organizacion-meteorologica-mundial-establece-que-uno-de-los-anos-mas-calidos

http://www.burbuja.info/inmobiliaria/temas-calientes/201752-se-vuelve-a-superar-record-de-temperatura-global.html

http://unfccc.int/di/FlexibleQueries/Event.do?event=go (emisiones totales de gases de efecto invernadero por países, entre 1990 y 2009 según informe de la cumbre climática de Durban 2011).

http://es.wikipedia.org/wiki/Calentamiento_global#Cambios_de_temperatura

http://www.sitiosolar.com/Calentamiento%20global.htm

Contaminación y gases de efecto invernadero: el ser humano emite cuatro tipos de emisiones de larga permanencia (GEI): dióxido de carbono (CO2), metano (CH4), óxido nitroso (N2O) y halocarbonos (gases que contienen flúor, cloro o bromo). GEI mundiales por sectores (2006): 24%, generación de electricidad; 18%, uso del suelo y deforestación; 14%, transporte; 14%, agricultura; 14%, industria; 8%, edificios; 5%, actividades relacionadas con la energía; 3%, residuos.

http://www.terra.org/contra-la-moratoria-de-renovables_2635.html

http://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Centrales_t%C3%A9rmicas_en_Espa%C3%B1a

http://es.wikipedia.org/wiki/Efecto_invernadero#Gases_de_efecto_invernadero

http://www.greenfacts.org/es/cambio-climatico-ie4/index.htm

http://www.greenpeace.org/espana/es/Trabajamos-en/Frenar-el-cambio-climatico/

Energía nuclear:

http://internacional.elpais.com/internacional/2011/03/14/actualidad/1300057215_850215.html (el mapa nuclear del mundo. Fuente: El País).

http://internacional.elpais.com/internacional/2012/03/10/actualidad/1331401656_182179.html (Fukushima, un año después).

http://www.lavanguardia.com/internacional/20120311/54266653422/fukushima-japon-catastrofe-nuclear-ano-despues.html (idem).

Ejemplos de inversiones y conductas de moral dudosa y/o que dañan el medio ambiente:

http://www.sodepaz.org/cooperacion-mainmenu-4/1785-campana-para-la-retirada-de-la-subvencion-a-repsol-de-los-fondos-de-cooperacion-espanola.html (Repsol en la amazonia).

http://www.survival.es/noticias/5900 (idem).

http://www.gara.net/paperezkoa/20110518/266883/es/Kutxa-debera-pagar-215-millones-Hacienda-inversiones-Repsol (Kutxa y Repsol YPF S.A.).

http://www.repsol.com/es_es/corporacion/accionistas-e-inversores/inf_general_acerca_de_la_sociedad/la_accion_y_el_capital_social/distribucion_accionarial/ (La Caixa y Repsol YPF S.A.).

http://www.expansion.com/2012/03/22/opinion/tribunas/1332376724.html (nuevas perforaciones en Canarias).

http://www.expansion.com/2012/03/21/empresas/energia/1332324177.html (el uso populista del petróleo en España).

http://sociedad.elpais.com/sociedad/2011/05/24/actualidad/1306188013_850215.html (Endesa y las presas en la Patagonia).

http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/01/04/actualidad/1325645041_316811.html (Chevron en la amazonia).

http://www.bbc.co.uk/mundo/economia/2010/06/100617_2148_derrame_bp_testimonio_jaw.shtml (BP y el vertido del Golfo de México).

http://www.expansion.com/2012/03/22/economia/1332435096.html (Obama y el petróleo).

http://www.survival.es/peliculas/lamina (minería a cielo abierto de bauxita, empresa Vedanta Resources).

http://www.youtube.com/watch?v=MHuLPLWCGoc (campaña explicativa de denuncia de la megaminería a cielo abierto en Argentina por parte de famosos argentinos).

http://megamineriaasambleapopular.blogspot.com.es/ (sobre megaminería en Chile y Argentina).

http://www.greenpeace.org/argentina/es/sobre-nosotros/copy-of-rex-weyler-cuenta-nues-20/Rex-Weyler-cuenta-nuestra-historia-/ (la extracción de petróleo de arenas alquitranosas en Canadá).

http://www.ted.com/talks/garth_lenz_images_of_beauty_and_devastation.html (la devastación ambiental causada por el procesamiento de las mismas arenas -en inglés-).

http://bancaarmada.org/ (las inversiones de la banca española en armamento).

http://www.setmanaridirecta.info/node/2283 (Nigeria)

http://elturbion.com/?p=3329 (Endesa y Colombia)