“Barcelona activa este lunes su protocolo para la contaminación ambiental”, es uno de los  titulares publicados hace unas semanas en los periódicos locales. Aunque este tipo de contaminación es claramente visible en el horizonte de las grandes ciudades como una aureola gris que envuelve la ciudad, no somos realmente conscientes de los riesgos potenciales que conlleva.

La OMS incluye la contaminación ambiental dentro de la clasificación de sustancias cancerígenas en el nivel 1, el de las sustancias sobre las que no cabe duda científica, e  informó recientemente de que en 2010 se produjeron 223.000 muertes por cáncer de pulmón en todo el mundo como consecuencia de la contaminación. La organización también afirma que esta exposición además aumenta el riesgo de cáncer de vejiga y está directamente relacionada con otros problemas respiratorios y cardiovasculares. En general, se estima que se producen 1,3 millones de muertes  a nivel mundial por la contaminación ambiental: Los habitantes de poblaciones con niveles altos de partículas contaminantes tienen más riesgo de sufrir enfermedades cardiacas, respiratorias y cáncer que los de ciudades con aire más puro, y un estudio publicado recientemente a partir de datos de las autonomías establece que 44 millones de españoles respiramos aire contaminado en 2012.

De acuerdo al informe de la Generalitat de episodios ambientales en Cataluña  entre el 3 y el 12 de diciembre de 2013 se superaron los límites permitidos por la OMS de 200 µg/m³ del valor máximo horario para las emisiones de  dióxido de nitrógeno (NO2) nada menos que 8 veces, siendo los mayores índices detectados en el Eixample y Gràcia-St Gervasi. El NO2 generado en la ciudad procede principalmente de la combustión de los coches, y está relacionado con problemas respiratorios. El protocolo ambiental implica entre otros la limitación de la velocidad en las vías de acceso a la ciudad e insta a las empresas a reducir sus emisiones en la zona. Estas medidas, claramente insuficientes, se reducen a tratar de disminuir los valores del contaminante por debajo del límite establecido por lo que son un remedio paliativo temporal, y no una solución preventiva o eficaz.

Los principales contaminantes del aire son: Las partículas en suspensión, (sulfatos, nitratos, amoníaco,  cloruro sódico, carbón, polvo de minerales y  agua), que son consideradas las más dañinas, especialmente las de menor diámetro ya que penetran más profundamente al ser respiradas; Monóxido de carbono (CO); El ozono (O3), formado por la reacción entre la luz solar con otros  contaminantes como los óxidos de nitrógeno (NOx), si bien este ozono contaminante de la capa atmosférica a nivel del suelo no debe ser confundido con la capa protectora superior de ozono estratosférico; El dióxido de nitrógeno (NO2) y el dióxido de azufre (SO2). Las calderas de los edificios, emisiones de coches, instalaciones industriales… son fuentes comunes de origen humano que generan contaminantes tóxicos en el aire.

Aunque una reducción notable en los índices de estos contaminantes implica un cambio fuerte en  las políticas ambientales a todos los niveles (urbanas, autonómicas, nacionales, europeas y a nivel mundial), examinando las fuentes de procedencia de los contaminantes podemos llegar  a la clara conclusión de que el papel de los automóviles es muy importante en la generación de contaminantes aéreos. Barcelona es una gran ciudad que permite el uso de transporte urbano o de bicicleta, y deberíamos concienciarnos y fomentar la  sustitución del automóvil por medios de transporte público, bicicleta o simplemente por ir caminando, o al menos  reducir su uso con acciones como  el compartir vehículo de forma habitual.

Por supuesto esto debería estar  apoyado desde ayuntamientos, comunidades y gobiernos con ayudas al transporte público, mejora de las redes de transporte y de los accesos a las estaciones. Medidas en empresas situadas a las afueras de Barcelona como la oferta de autobuses a sus empleados para el desplazamiento hasta su puesto de trabajo, o aplicaciones informáticas que ayuden a  empleados de domicilios cercanos  a encontrarse para facilitar el compartir vehículo, serían entre otras muy eficaces como ejemplo de responsabilidad social a favor del medio ambiente. Sin embargo, debemos tener en cuenta que la concienciación individual desde el punto de vista global, simplemente mediante la reducción del uso del automóvil, también conllevaría una elevada disminución de la contaminación de nuestra ciudad.

Para más información puedes consultar la página y enlaces la OMS sobre contaminación ambiental, y los informes de la Generalitat de Catalunya sobre episodios ambientales en calidad del aire.